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El Átomo Autora: Silvia Sokolovsky En busca de lo más simple Desde el primer momento en el que el ser humano comenzó a plantearse cuestiones científicas, se percató de que cuando supiera lo suficiente descubriría que el mundo, después de todo, es en realidad mucho más simple de lo que parece. Si bien en la mayoría de los tratados de la historia de la teoría del átomos se parte desde los antiguos griegos, según John Gribbin (doctor en astrofísica en la Universidad de Cambrige y autor de múltiples textos de divulgación científica en este tema) es una afirmación un tanto exagerada. En el año 585 antes de Cristo, el griego Thales de Mileto
(considerado como el primer científico de relevancia) sugirió que todo elemento
natural era en última instancia "agua"; ya que se presenta en los tres estados
[líquida (agua), sólida (hielo) y gaseosa (vapor)] dependiendo de la temperatura
del ambiente. Sus sucesores, Epicurio de Samos y el romano Lucrecio Caro,
desarrollaron la conocida teoría que indicaba que toda sustancia no era más que
combinaciones de cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Desde nuestra
posición (miles de años después) nos parece hasta ridícula sus teorías, pero es
el primer intento que pretende hallar un esquema sencillo para explicar la
complejidad observada en el mundo sin utilizar a una deidad como "creador". Hay
autores, como John Gribbin en su libro En busca del gato de Schrödinger,
que sostienen que es exagerada la importancia que se les da a los griegos en
este aspecto. A finales del siglo V a. c. los filósofos Leupino y Demócrito, intentaron conciliar el conflicto entre transitoriedad y la complejidad observada en el mundo material con la idea griega de que la verdad debe ser eterna e inmutable. Sugirieron que la materia estaba compuesta de pequeñas partículas indivisibles que bautizaron con el nombre de átomo (del griego indivisible) y señalaron que si bien esas partículas son inmutables, las relaciones entre ellas cambian. << Las únicas realidades existentes son los átomos y el espacio vacío; lo demás es mera especulación >> escribió Demócrito de Abdera (extraído del libro En busca del gato de Schrödinger de John Gribin, Pág. 15). A pesar de esta clarividencia, la idea disfrutó de poca aceptación entre los filósofos griegos y romanos. Así el átomo fue olvidado mientras que la idea de que el universo estaba compuesta por los cuatro elementos antes mencionados, resultó mucho más popular, aceptada y propagada por "eruditos" de la talla de Aristóteles, de manera que fueron enseñadas como verdades absolutas durante dos mil años. Algo está cambiando Aunque el inglés Robert Boyle usó el concepto de átomo en sus
trabajos de química durante el siglo XVII, y Newton lo tuvo en mente al
desarrollar sus descubrimientos en física, específicamente óptica, la idea de
átomo no pasó a formar parte del pensamiento científico hasta la mitad del siglo
XVIII. En ese momento el químico francés Antoine Lavoisier, tras sus
investigaciones de combustión, identificó muchas sustancias químicas puras que
no podían ser separadas en otras.
Algo está cambiando: el electrón A mediados del siglo XIX los físicos experimentaban con un nuevo fenómeno que cambiaría drásticamente la visión de la física. En ese momento se estudiaban la naturaleza de la radiación producida por un hilo metálico que transportaba corriente eléctrica a través de un tubo que se había vaciado de aire. Estos rayos, procedentes del cátodo (polo negativo del circuito), fueron llamados rayos catódicos. En el dispositivo anteriormente citado, el tubo de rayos
catódicos, podían colocarse dos placas que al aplicarse una diferencia de
potencial eléctrico, se observaba una fina línea de gas brillante
En 1897 J. J. Thomson, que trabajaba como profesor de física de Cavendish desde la década de 1870, diseñó un experimento en el que intervenían el balance entre las propiedades eléctricas y magnéticas de una partícula cargada en movimiento. Ya en ese entonces se sabía que un objeto cargado era afectado por dos tipos de fuerzas. Desde Faraday se habla de fuerzas electromagnéticas que actúan sobre cualquier objeto provisto de carga eléctrica, pero no actúan sobre un elemento no cargado como una onda. De esa manera, con el tiempo, la contienda de saber que eran los rayos catódicos se centró en saber si tenían o no carga eléctrica; de tenerla sería afectada por fuerzas electromagnéticas como la generada por un imán. Thomson armó un dispositivo, como lo muestra el esquema,
modificando el tubo de rayos catódicos enrareciendo ligeramente el vacío con un
poco de gas, para medir la velocidad de los rayos catódicos (que en esa época se
los denominó rayos canales). Estos rayos debían
¿Cómo hallaba la velocidad de las partículas que supuestamente eran atraídas?. Recordando que el campo eléctrico es inversamente proporcional a la carga que está viajando y directamente proporcional a la fuerza que se ejerce sobre ella tenemos que: F = E . q (1) Por la definición de potencial eléctrico, la diferencia de potencial eléctrico (V) es directamente proporcional al trabajo mecánico (W) e inversamente proporcional a la carga (q). Expresamos esta relación en la siguiente ecuación; en base a la definición de trabajo mecánico y campo eléctrico podemos determinar la magnitud del campo eléctrico en base a la diferencia de potencial aplicada. La distancia (d) es la que hay entre las placas y los rayos catódicos.
La fuerza generada por un campo magnético sobre una carga (q)
en movimiento es perpendicular al plano que forman en
La ecuación es: F = q . B . v. sen a El producto vectorial entre ambos y la magnitud de la carga determinan la magnitud de la fuerza. Tomemos, para facilitar los cálculos, que el ángulo entre la velocidad y el vector campo magnético es 90º. Como sen 90º = 1 tenemos: F = q . B . v (2) Como la fuerza eléctrica y magnética son iguales, igualando (1) y (2), tenemos: E . q = q . B . v. sen a Simplificamos las cargas y despejamos podemos determinar la
velocidad de la partícula como relación entre los campos eléctrico y magnético.
El importante resultado que obtuvo Thomson fue que la velocidad de los rayos catódicos era cerca de 3.107 m/seg., lo cual es más o menos el 10% de la velocidad de la luz. Evidentemente los rayos catódicos eran partículas. (De ser ondas tendrían que viajar a la misma velocidad de la luz, 3.108 m/seg.). Puesto que las supuestas partículas eran atraídas hacia el electrodo cargado positivamente, concluyó que transportaban carga eléctrica negativa. Estos corpúsculos fueron bautizados con el nombre de electrones (ya que provenían de la electricidad) y calculó su masa en 9,11.10 – 28 g. ¡¡ Demasiado pequeña !!. Una vez que fue correctamente identificado, se comprendió que el electrón era una partícula muy importante. Cada corriente eléctrica, tanto si se trata de un circuito o de un nervio animal, es simplemente un flujo de electrones. El descubrimiento del electrón preocupó a los físicos de la
época ya que se habían habituado a considerar al átomo como el único habitante
de lo infinitamente pequeño y ¡ ahora se les presentaba otro!. ¿Dónde iban a
alojarlo? ¿Había que pensar que la materia estaba constituida fundamentalmente
por átomos y electrones? ó, como esta partícula cargada negativamente es mucho
más pequeña ¿había que suponer que el electrón no era más que una parte
constitutiva del
El Interior del Átomo El neocelandés Ernest Rutherford
trabajó en Cavendish en la última década del siglo XIX.
Su descubrimiento le valió el premio Novel de química en 1908, aunque él siempre se consideró a si mismo como un físico y consideraba a la química como una rama muy inferior de la ciencia.. En contra de lo normal, Rutherford realizó su trabajo más
importante después de recibir el premio Novel. En 1907 Rutherford se trasladó a
la Universidad de Manchester en Inglaterra, allí continuó con sus experimentos
con partículas alfa. Uno de los temas más candentes por aquella época era
estudiar el modo en que estas partículas atravesaban finas láminas Había que cambiar el modelo atómico ya que las partículas alfa poseen una masa superior a 7000 veces la del electrón. Imaginemos una fila de canicas (bolitas) todas del mismo tamaño separadas, una de la otra, por mucho espacio. Si lanzamos contra ellas una pelota de tenis el comportamiento a esperar es que pase de largo o, si choca con varias canicas, se desvíe un poco de su trayectoria original. Nunca esperaríamos que vuelva por el mismo camino en que fue. Para que eso suceda tendría que haber "chocado" con "algo" tan grande o más que ella. Así que en 1911 Rutherford propuso un nuevo modelo del átomo que resultó ser la base del conocimiento actual de la estructura atómica. Según Thomson el átomo era casi todo vacío, pero los experimentos llevados a cabo demostraron que un número sorprendentemente alto de partículas (una de cada mil) fueron dispersadas en ángulos cercanos al llano. Esto sólo era posible si el átomo poseyera la mayor parte de su masa virtualmente concentrada en una región central. a esta concentración de masa Rutherford la denominó "núcleo". Ya que este repelía a las partículas alfa que estaban cargadas positivamente, supuso que debía tener carga positiva. En 1919, empleando técnicas similares a las que había permitido identificar a las partículas alfa, demostró que las colisiones de partículas alfa con núcleos se obtenían núcleos de hidrógeno. Dado que el hidrógeno es el átomo más liviano, su núcleo jugó un papel fundamental en el modelo confeccionado por Rutherford, es así que lo denominó "protón" (el primero). Siendo la función más evidente del núcleo equilibrar eléctricamente al átomo ¿por qué ha de haber más protones que electrones?, por ejemplo el hidrógeno posee un protón y un electrón; el núcleo del átomo de helio, que posee dos electrones, debía tener dos protones y el átomo de Uranio que poseía 92 electrones necesitaba 92 partículas positivas en su núcleo. Si el helio tiene el doble de protones que el hidrógeno y la masa del átomo está casi toda contenida en el núcleo, cabe esperar que un litro de helio pese el doble que el de hidrógeno. El problema es que un mismo volumen de helio es cuatro veces más pesado que el de hidrógeno. Este hecho hizo que, en 1920, Rutherford postulara la existencia de otra partícula que ubicó también en le núcleo, sin carga y que fuera un poco mayor que el protón (en realidad es un poco mas grande que el protón y el electrón juntos) y lo denominó Neutrón. La existencia del neutrón pudo comprobarse recién en 1932. Modelo atómico de Bohr La característica esencial del modelo de Bohr es que los electrones se ubican alrededor del núcleo únicamente a cierta distancia bien determinada. El por qué de esta disposición del átomo no se estableció hasta el desarrollo de la mecánica cuántica una década más tarde. Niels Bohr era un físico danés que finalizó su doctorado en el verano de 1911 y viajó a Cambrige en septiembre. En una visita a Manchester conoció a Rutherford y en Marzo de 1912 comenzó a trabajar dentro del equipo de Rutherford concentrándose especialmente en la estructura del átomo, permaneciendo allí hasta 1916. Bohr no se preocupó excesivamente por integrar todos sus
experimentos en una teoría completa, sino
<< En el modelo de Bohr se mezclan ideas cuánticas junto con otras de la física clásica, sin otro criterio que el de que el modelo continuara funcionando >> (extraido del libro "En busca del gato de Schrödinger", john Gribbin, página 47). Desde el siglo XVIII se sabe que la luz es una onda. Pero el descubrimiento que su origen está ligada a las cargas eléctricas y de que no es más que un tipo particular de ondas generadas eléctricamente, fue uno de los grandes triunfos del siglo XIX. Plank intuyó (de alguna manera) una discontinuidad en la energía pero nunca aceptó realmente la idea de que la luz no fuera una onda clásica. Sin embargo Einstein se dio cuenta que el postulado cuántico de Plank podría ser muy fructífero si se lo llevaba a sus últimas consecuencias. El fenómeno fotoeléctrico, por el cual una plancha de zinc iluminada con luz ultravioleta emitía corriente en su superficie, no dependía de la intensidad de la luz sino de su frecuencia. Esto no era lógico desde el punto de vista ondulatorio. En 1905 Einstein sugirió que la luz podía estar compuesta por corpúsculos en lugar de ondas clásicas, así podría explicarse este efecto. Las partículas que componen la luz y demás radiaciones electromagnéticas reciben el nombre de fotones. Este trabajo le valió el premio Novel. Nuevo Comienzo La guerra europea de 1914 frenó los desplazamientos de los científicos de un país a otro, entorpeciendo (y a veces cortando) las comunicaciones entre ellos. En las naciones intervinientes, los investigadores jóvenes tuvieron que dejar los laboratorios para presentarse en batalla, donde muchos de ellos perdieron la vida. Después de la guerra, los científicos alemanes y austriacos no fueron invitados a las conferencias internacionales durante varios años consecutivos. En Rusia, inmersa en su revolución, la ciencia perdió su cosmopolitismo y a una generación de gente de ciencia jóvenes. Una nueva generación de "pensantes" se encontró con la teoría cuántica en el punto medio del camino que representa el modelo de Bohr y se encargó de relacionarlo con la mecánica cuántica. La nueva generación de científicos no poseía una sólida formación dentro del área de la física clásica, por lo que no les fue difícil desechar ideas clásicas en su teoría sobre el átomo. No partieron de la nada, basados en la constante de Plank, el modelo de Bohr y la idea de Einstein de la noción de probabilidad en la teoría atómica (que se transformó en el soporte fundamental de la teoría cuántica). Irónicamente, la idea fue rechazada posteriormente por su creador con su famoso comentario, << Dios no juega a los dados >>. Imaginemos una película de ciencia ficción donde exista vida en el planeta Marte. Desde allí nos observan y captan las ondas de radio que mandamos constantemente al espacio. En ellas escuchan programas en inglés y en francés, por lo que llegan a la conclusión que en nuestro planeta se habla "inglés" o "francés" según la frecuencia de radio que se capte. Deseosos por saber más descienden en nuestro planeta, pero en la Ciudad de Buenos Aires. Confundidos por el idioma que se habla interpretan que a veces los habitante de este sitio parece que hablaran a veces "ingles" y otras veces "francés". Llegan a la conclusión de que este idioma presenta ambas características y hablan de la dualidad inglés - francés. En realidad así como el idioma castellano es un idioma distinto al inglés o al francés, las partículas elementales son distintas a partículas u ondas en el sentido clásico que se les da en la física clásica (mecánica). El descubrimiento de la dualidad onda - partícula tuvo su
origen en la sugerencia de un científico francés Louis de Broglie. Nacido dentro
de una familia antigua e ilustre, tomó sus primeros
En aquella época se pensaba que los electrones debían comportase como partículas típicas, excepto por el curioso modo de ubicarse en los distintos niveles de energía dentro del átomo. El hecho que sólo existieran orbitas definidas por números enteros, lo que podía interpretarse como una característica ondulatoria, llevó a de Broglie a relacionarlos con la interferencia y los relativos a modos normales de vibraciones (movimiento de partículas que transportan una onda) que eran fenómenos físicos que implican números enteros y estaban relacionados con propiedades ondulatorias. Es así que decidió asignar a los electrones algún tipo de periodicidad. De Broglie pensaba que las ondas estaban asociadas con partículas y sugirió que una partícula, tal como el fotón, estaba guiada en su trayectoria por la onda asociada a la que se encuentra ligada. El resultado de dicha teoría fue una descripción matemática completa del comportamiento de la luz, que incorporaba los resultados tanto de experimentos ondulatorios como corpusculares. En esa época ya se conocía la longitud correcta de las ondas de los electrones a partir de los estudios de Einstein respecto a el fenómeno fotoeléctrico. La longitud de onda está relacionada con la frecuencia, y la frecuencia (según las ecuaciones de Einstein) podía relacionársela con el momento; de allí que de Broglie combinara en una ecuación el momento y la longitud de onda mediante una relación inversa donde la constante de proporcionalidad fuera la constante de Plank: p . l = h. Según esta ecuación, los electrones que al poseer pequeña masa tenían un momento pequeño le correspondía una longitud de onda que lo transformaba en la partícula más ondulatoria hasta entonces conocida. Fue el mismo Einstein, ya que le habían mandado una copia del trabajo de de Broglie, quien se dio cuenta la importancia de este trabajo. Einstein pasó la noticia a Max Born, en Götingen, Alemania. Un alumno de Born, Walter Elsasser, había publicado en 1925 una corta nota con los resultados de un experimento donde se dispersaban electrones por medio de cristales, bombardeando los átomos. Se suponía que este comportamiento se debía a la estructura de estos y no a la naturaleza propia de los electrones. Recién cuando Erwin Schrödinger realizó una nueva teoría de la estructura atómica que incorporaba y ampliaba la idea de de Broglie, los experimentalitas consideraron la necesidad real de comprobar la hipótesis de la onda del electrón mediante la realización de experimentos de difracción. La total ruptura con la física clásica ocurre en este momento, al tomar conciencia que no sólo los fotones y electrones sino todas las partículas y todas las ondas son , de hecho, una mezcla de onda y partícula. Todas las imágenes que uno pueda hacerse del átomo son falsas y no existe una analogía física que permita entender como funciona el interior de un átomo. El átomo, ese universo pequeñísimo donde las "cosas" no se comportan como lo esperamos, posee características que nuestro "sentido común" no sirve en absoluto para entenderlas. |
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Octubre 2002