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Las orquídeas y las culturas
Prehispánicas
(Características
de las flores)
(Fotos)
En otras culturas, estas
plantas también han simbolizado feminidad y seducción refinada e
intensa, o bien pasión amorosa, virilidad y perfección estética ligadas
con acontecimientos atroces y guerras despiadadas teñidas de sangre. En
el caso de las civilizaciones mesoamericanas, es indudable el uso
religioso, medicinal o culinario de especies tales como Arpophyllum
spicatum, Encyclia citrina, Laelia speciosa, Laelia rubescens y
Prosthechea vitellina, entre muchas otras.
No obstante, la orquídea más importante en el mundo cultural de los
mayas y los aztecas fue la vainilla o tlilxóchitl, que, según cuenta una
leyenda, tuvo su origen en la muerte de la joven Tzacopontziza (“Lucero
del alba”), hija del tercer rey totonaco Teniztli, quien había hecho
votos de castidad, y su amante Zkotan-Oxga (“Joven venado”). Tras ser
degollados ambos por sus amores prohibidos, se les extirpó el corazón y
se ofrendó a la diosa Tonacaohua en señal de expiación. Y justamente en
el lugar del sacrificio brotó un arbusto de vainilla y a su lado se
desarrolló una orquídea, que más tarde se cubrió de flores, cuyo excelso
aroma aún invita al disfrute de esa planta. A la vainilla se le
utilizaba sobre todo para preparar una bebida que ponía remedio al
cansancio, las preocupaciones y el miedo y fortificaba el alma: el
chocolate (xocoatl).
Las
orquídeas en la época prehispánica
A principios del siglo XVI,
los límites geográficos de Mesoamérica abarcaban desde Centroamérica
(desembocadura del río Motagua, golfo de Nicoya y lago de Nicaragua)
hasta la frontera norte de nuestro territorio, delineada a partir del
río Pánuco, en el Golfo, y hasta el río Sinaloa, en el Pacífico (con una
depresión central que pasaba por los ríos Tula y Moctezuma, en el actual
estado de Hidalgo). Era una vasta superficie habitada por diversos
grupos indígenas de recolectores, cazadores y pescadores que en su
mayoría pagaban tributo a la confederación azteca, cuyo centro político
y de mando era Tenochtitlán.
En el México prehispánico se
conocían las especies más espectaculares y sobresalientes de la flora
orquideológica de la región, y su cultivo se registra desde el reinado
de Itzcóatl (1427-1440) hasta el de Moctezuma (1502-1520). Aunque se les
admiraba por la belleza de sus flores, se les apreciaba también por las
propiedades curativas de sus raíces para el tratamiento de la
disentería, las lesiones infectadas y la impotencia sexual. Otras tantas
se destinaron para la obtención de un mucílago (tzacuhtli) utilizado
para la elaboración de adhesivos mordentes y en el arte plumario.
Sin embargo, tras la caída del imperio azteca el aprecio ornamental por
las orquídeas se hizo mayor; en el siglo XIX el desvalijamiento de los
bosques americanos se agudizó con el fin de conseguir la flor deseada,
talante por demás infame que propició la extinción de muchas de sus
variedades nativas.
A pesar de la inconcebible perturbación y destrucción de vastas áreas
naturales, en el territorio nacional se encuentran todavía 1 106
especies y subespecies de orquídeas, distribuidas en 159 géneros, de las
cuales 444 son especies o subespecies endémicas que corresponden a casi
40% de los taxa registrados en el país.
…y las orquídeas no dejan de
cautivar
Aunque a las orquídeas se les
han atribuido cualidades místicas desde antaño, poco a poco se han
dilucidado algunos misterios que las rodean. De entre todos ellos, vale
la pena destacar que a principios del siglo pasado el biólogo francés
Noel Bernard descubrió que para la germinación de las semillas era
imprescindible la participación de los hongos formadores de micorriza,
ya que estos incorporan nutrimentos al embrión hasta que aparecen las
hojas verdaderas y se activa la maquinaria fotosintética encargada de
producir sus propios carbohidratos.
A partir de entonces, las investigaciones hechas para comprender las
circunstancias (directas e indirectas) y los mecanismos (morfológicos y
fisiológicos) en los que se encuentran involucrados los hongos han sido
insuficientes. Si bien algunas investigaciones efectuadas en áreas
templadas de Norteamérica, Europa, parte de Asia y Australia dejan
entrever que la colonización es un fenómeno recurrente en las orquídeas
terrestres y nativas, en zonas tropicales y subtropicales aún hace falta
develar el secreto que lo envuelve.
Otro aspecto fascinante radica en que rara vez se generan híbridos
naturales debido a que la incompatibilidad genética y la asincronía
floral mantienen la pureza e integridad de las especies. Por tal motivo,
es muy probable que los mecanismos de supervivencia de las orquídeas
para sortear barreras tales como la época de floración, la morfología de
sus flores o los efectos visuales y aromáticos para atraer polinizadores
sean los responsables de los procesos de especiación, endemismo,
evolución y especialización que los caracteriza.
En este sentido, y con la
finalidad de ejemplificar un poco más el último de los términos
expresados, en el año de 1965 se describió una orquídea de Madagascar
cuyos espolones alcanzan los 40 centímetros de longitud, y obviamente se
produjo otra vez una polémica similar a la surgida casi un siglo antes
con Darwin. Sin embargo, es muy probable que en esta ocasiónnunca se
encuentre a su polinizador, toda vez que la devastación del medio
natural y el impacto negativo en las poblaciones de dicha orquídea hacen
que esté desapareciendo con tal rapidez que si la relación entre ambos
organismos ha sido muy estrecha, es seguro que la pérdida de uno
condenará a la extinción a su pareja evolutiva.
La belleza e importancia económica mundial de las orquídeas son
indudables, y por ello son motivo de cultivo por particulares e
industriales para su venta como flor de corte o como planta ornamental.
Mas no se les debe apreciar únicamente como un objeto inanimado del que
se procura la existencia por su valor comercial: es imperioso resaltar
la inimaginable función biológica y ecológica de todas estas especies
dentro de los biomas donde crecen y se desarrollan, y cuya desaparición
sin duda alguna nos perjudicaría a todos.
Así que, para formalizar el aprovechamiento sostenible de estas
especies, es imprescindible realizar más estudios que permitan implantar
programas de mejoramiento genético, propagación y cultivo, sin la
dilapidación de los ecosistemas ni la pérdida de sus respectivos nichos
ecológicos.
1
Al hacer falta exploraciones botánicas en las áreas más recónditas del
mundo, es un hecho casi innegable que aún se descubrirán nuevas especies
para la ciencia.
2
Desde un punto de vista ornamental, la diversidad en las orquídeas se ha
magnificado debido a la fácil obtención de híbridos entre especies del
mismo género y entre individuos de géneros afines, de tal suerte que los
cerca de 300 mil híbridos hasta ahora registrados no son una
exageración.
3
Término empleado para referirse al consumo de plantas (autótrofas) por
parte de los animales (heterótrofos).
4
De hecho, la comunidad científica ha llegado a la conclusión que el
último ancestro común de las orquídeas existentes ya germinaba hace
84-76 millones de años, y que su antigüedad podría remontarse a 120. Las
orquídeas son plantas de la familia más grande y diversa de la Tierra,
que alcanzó a florecer en el tiempo de los dinosaurios.
Extraído de:
¿Por qué son tan fascinantes las orquídeas?
Miguel Ángel Lozano, Ramón
Zulueta,
Liliana Lara y Dora Trejo
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